Loranca-TrilloLa ruta radioactivaEl día prometía. Angel tenía preparado un rutón hacia Tragacete, provincia de Cuenca saliendo desde su casa cerca de Loranca de Tajuña (Guadalajara) -su “barrio”, como lo llama él-. Hacía tiempo que la tenía preparada y la ocasión la pintaban calva. Quedamos cerca de su casa a eso de las 9 de la mañana, pero hasta las 9.30 no iniciamos la marcha bajo un sol cálido, ausencia casi total de nubes y cerca de los 20º. Si a eso le sumas que había llovido esa misma noche y apenas había polvo en los caminos puedes imaginarte el día perfecto que teníamos delante para completar una expedición de casi 300 km… Nos la prometíamos felices. Rodábamos a buen ritmo, pero no demasiado alto para poder contemplar el paisaje. Este final de primavera lluviosa ha dejado los campos preciosos con unos verdes y amarillos intensos que contrastan con el piso marrón rojizo de barro arcilloso tan típico de Guadalajara que, dicho sea de paso, se pega como una lapa a nuestros quads (¡joder para quitarlo!). Enfilamos primero hacia Aranzuqueque, pasamos por Yebes para después de unos kilómetros llegar a Horche. Todos estos pueblos tienen su encanto, unos más que otros, pero en este último nos aguardaba una bajadita cachonda con trialera light incluida. Seguimos avanzando hacia el Este sin contratiempos. Paramos en un paraje precioso donde Angel se entrega al vicio en una entretenida charla en la que nos acordamos de nuestros colegas de ruta ausentes. Reemprendemos la marcha y unos kilómetros después, tras pasar por Castilmimbre, el todopoderoso Outlander 800 de Angel le avisa de que tiene la batería baja. Mal rollo. Paramos, revisamos conexiones eléctricas, pero sin un mal polímetro y, sobre todo, sin un regulador (o lo que sería peor, sin un alternador) de repuesto, poco podemos hacer. Decidimos volver a la carretera antes de que los casi 400 kg del Can Am se conviertan en un peso muerto. Angel llama a la grúa y me convence (no me hizo mucha falta, la verdad) para que yo saboree, aunque sea en solitario, al menos parte de la ruta que había preparado. Y así lo hice. Lamentando el incidente, prosigo la marcha dirección a Trillo, donde está la famosa central nuclear. Tenía por delante unos 40 kilómetros. Muchos de ellos transcurrían por pistas claras, pero hubo un tramo, de unos pocos kilómetros, donde la vegetación crecida durante esta primavera había hecho desaparecer una pista a lo largo de un frondoso valle. Afortunadamente el GPS no se equivoca, aunque he de confesar que por un momento creí que Angel había dibujado el itinerario bajo los efectos de algún potente barbitúrico…
Tras abandonar ese valle, vino justo lo contrario. Un bonito trazado por la cresta de las montañas desde el que pronto vislumbré las dos chimeneas gigantes de la central y otras dos montañas gemelas que Angel conoce como “las tetas de Viridiana” o algo así. En fin, no sé si por temor a achicharrarme bajo la radiación o por la fuerte atracción hacia esos dos enormes senos de la naturaleza, el caso es que ese último trecho hasta Trillo lo hice volando. Al llegar allí llamé a Angel emocionado con la ruta y para confirmar que ya estaba en casa… jodido, pero contento. El pueblo estaba en fiestas. Me costó encontrar un bareto donde almorzar tranquilo. Pero al final, di con un lugar donde descansar un rato, refrescarme con unas cervezas bien frías y saciar el hambre con chorizo y panceta recién sacados de una abrasadora barbacoa a los pies del río Tajo. La vuelta la hice deshaciendo el camino trazado hasta allí para asegurarme la llegada a casa de Angel, donde dejé coche, a horas decentes. Como recorrí el trayecto casi del tirón llegué sobre las 7 de la tarde marcando el GPS 198 km. Nos tomamos unas cocacolas en el jardín de su casa y quedamos en que, una vez resuelto el problema, había que repetir la ruta. Pero esta vez llegando hasta Tragacete. Por lo que pude ver, debe merecer mucho la pena.
Ruta: Angel BG y Carlosio1001
Fotos:
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